No es tan difícil. (ser serios y responsables)


Datos récord de liquidación de exportaciones en el primer semestre del año parecen no haber alcanzado a contener los desórdenes monetarios y fiscales en que nos encontramos. Solo mirando un cortísimo plazo, para variar, algunos imaginan cómo “incentivar” la venta de las existencias de granos y otros sugieren mecanismos más compulsivos como la ¨expropiación para profundizar el modelo¨ y la pregunta obligada sería… ¿qué modelo?


Con alguna vuelta positiva del mercado de Chicago por alguna complicación climática, Brasil inicia una campaña que promete ser un nuevo récord y seguir creciendo en sus exportaciones y repiten el camino nuestros vecinos Uruguay y Paraguay, mientras que con niveles crecientes de incertidumbre, inflación, tipos de cambio diferenciales, desproporcionada carga pública y conflictividad social seguimos en el país girando sobre las mismas propuestas de los últimos años, mejor dicho del último siglo, que no nos han permitido desarrollarnos y crecer al igual que nuestros vecinos por la falta de reglas claras que nos permitan pensar y planificar en el largo plazo.


Las cadenas agroindustriales son un pilar importante de la economía argentina no solo por su aporte en el ingreso de divisas por exportación en los últimos años (60%), sino por el aporte tributario que realizan al Estado (55% de los recursos totales), el empleo formal directo e indirecto público y privado que generan (35%), el derrame de actividad económica en el interior del País ; sino que tienen, casi todas las cadenas Agroindustriales, un potencial de crecimiento muy grande si se dan las condiciones para invertir. Un potencial que con reglas claras y sostenibles en el tiempo permitan hacer crecer la inversión, generando puestos de trabajo en el sector privado a lo largo y ancho del país. Si se aliviana la carga impositiva, que se desbordó en este siglo pasando del 27% al 45% del PBI, eliminando en primer lugar impuestos distorsivos se liberará capacidad de inversión en origen para agregar valor y así incrementar la competitividad al abaratar los costos y generar ecosistemas que creen nuevos puestos de trabajo en nuestro interior y desarrollo.


No es tan difícil. Otros países lo hacen y crecen, es cuestión de responsabilidad, diálogo y consenso en temas estructurales que nos permita crear un sendero de crecimiento sin descuidar la inclusión social y creando confianza para que el mundo vuelva a confiar en nosotros y tengamos acceso a los recursos que otros países vecinos tienen y nosotros no.


¿Habrá llegado la hora de ser serios y responsables? ¿o seguiremos cometiendo los mismos errores como es habitual?