La producción mundial de granos se duplicó en los últimos 30 años

(*) Lic. Gustavo López - Consultor de la Fundación Producir Conservando


El mercado mundial de granos ha registrado en las últimas décadas importantes cambios, tanto en la oferta como en la demanda, que pueden explicarse por varios motivos, entre los que se destacan, el incremento en la población global, el crecimiento de los países emergentes y los cambios en los hábitos de consumo.

A lo largo de las últimas tres décadas, se registraron profundos cambios en el mercado mundial de los principales commodities.


En ese lapso se observó un permanente crecimiento de la producción que fue acompañado por un consumo muy dinámico, tanto en trigo, maíz y soja que echó por tierra las teorías maltusianas donde se planteaban enormes crisis alimentarias por desfasajes entre ellas.


Ambas variables relacionadas íntimamente entre sí, superaron el 34% para el trigo, el 143% para el maíz y el 227% para soja, pasando de ofertas conjuntas para los tres principales granos de 1.160 a cerca de 2.280 millones de toneladas, es decir prácticamente duplicándose en solo treinta años.


Sin lugar a dudas, esta mejora en la producción, con volúmenes muy similares a los del consumo, pudieron plasmarse por la expansión en la frontera agrícola de muchos países a un ritmo del 32% a lo largo del periodo, en especial de los principales exportadores mundiales; y en mayor medida por las mejoras tecnológicas que llevaron a un sostenido incremento en los rendimientos globales que pasaron de un promedio en 1990 de 2.800 kg/ha a 4.200 kg/ha en 2020, es decir con una mejora relativa del 48% a lo largo de las tres últimas décadas, para el conjunto de los tres granos considerados.


Pero el mayor incremento se dio en el comercio de la materia prima y sus derivados. En el cuadro siguiente se presenta la tasa de crecimiento para cada producto, las cuales aumentan a un ritmo mucho mayor de la producción y el consumo.



Es notable el avance que experimento el trigo y el maíz en cuanto al intercambio comercial, con cifras del orden del 82 y 171%, en tanto que en soja prácticamente las exportaciones totales se sextuplicaron, aunque dicha comparación pierde relevancia por lo incipiente del uso del poroto de soja por determinados países en los 90s. Como ejemplo de ello, las escasas compras de China por esos años, difieren fuertemente de las actuales, que explican más del 70% del comercio.


Otro aspecto relevante en el análisis de oferta y demanda de los commodities es la relación entre los stocks remanentes y el consumo de cada ciclo. En el mismo cuadro se destaca la reducción que se experimenta a lo largo de los últimos treinta años, en el caso del trigo y de la soja del 18% se pasa al 15%, en tanto que en maíz se pasó del 10% al 8%.


Ello pone de manifiesto que, ante la creciente producción y consumo total, el mundo se fue adaptando a vivir con una menor acumulación de reservas, en especial en los países abastecedores, lo cual se traduce en una fuerte volatilidad en los precios, ante inconvenientes climáticos en alguno de ellos.


Este análisis se realiza prescindiendo de la información de China, debido a la falta de credibilidad en los volúmenes de sus existencias, y la irrelevante incidencia en el mercado debido a su condición de importador neto de todos los granos.


Tan solo unas décadas atrás, el principal comprador del mundo de trigo era Brasil, luego se ubicaban Egipto, Japón, Argelia y un sinnúmero de países con volúmenes muy modestos. En la actualidad quien lidera las compras es Egipto, pero muy cerca se ubica China, quien otrora fue exportador, Indonesia, Turquía y en puestos más relegados Brasil que fue perdiendo su hegemonía.


Entre los exportadores, el claro liderazgo lo tenían los Estados Unidos (hoy volcado mayoritariamente a los forrajeros y la soja), seguido de un grupo entre los que se encontraban Canadá, Australia y Argentina, proveedores de cantidad y calidad reconocida.


En la actualidad el tándem de los ex soviéticos Rusia/Ucrania/Kazajistán se posicionaron como el principal oferente, cuando antes de la disolución de la URSS eran importantes compradores.


Si analizamos el maíz, los asiáticos eran los niños mimados por los operadores mundiales con Japón a la cabeza, Corea, Taiwán y México como principales compradores, hoy China domina la escena, sumado a gran parte del sudeste asiático como los demandantes por excelencia.


Por su parte a los oferentes tradicionales como los Estados Unidos y Argentina, se sumaron Brasil, Ucrania, Sudáfrica, y otros países que por entonces ni intervenían en el mercado, o bien importaban.


Finalmente, en soja, el escaso comercio registrado en los 90s se orientaba a la Unión Europea y México, siendo hoy monopolizado por China en más de dos tercios del total mundial.


Los tiempos cambian, la población aumenta, las economías evolucionan, nuevos países emergen y mejoran sus dietas, los hábitos de consumo se occidentalizan y muchos de los destinos que no presentaban mayor interés para el comercio granario, pasaron a ser importantes jugadores.


En ese contexto, Argentina incremento su producción y en especial sus saldos exportables, debido al menor crecimiento de sus consumos locales, ampliando en forma permanente su frontera comercial.


En los siguientes gráficos se presentan los cambios en materia de volúmenes exportados y la estructura de los principales destinos.


Hacia inicios de la última década del siglo XX, el trigo argentino se orientaba en especial a su futuro socio en Mercosur: Brasil. Durante años este destino representaba más del 80% del total del saldo exportable, considerándose como una suerte de “mercado interno ampliado”.


A efectos de este análisis, en 1990 tuvo fuerte incidencia Irán, por contratos pactados hacia fines de la década anterior, China que era un importador coyuntural por entonces, la ex URSS y destinos menores, preferentemente latinos.


Actualmente Brasil participa en un 40% del saldo total, que duplica al de tres décadas atrás y alcanza los 11 millones de toneladas, con una participación muy similar el grupo de los asiáticos, liderados por Indonesia, Malasia, Pakistán, Bangladesh, Vietnam etc. Una incidencia cada vez mayor de los africanos y latinoamericanos, que permiten prácticamente duplicar los destinos finales a 25 países importadores.


El crecimiento en el maíz fue superlativo en el periodo bajo análisis, con exportaciones argentinas que pasaron de 3 a 38 millones de toneladas, cifra récord, que tiende a estabilizarse en los últimos ciclos, en el marco de precios atractivos de los forrajeros.


En 1990, un porcentaje considerable, se dirigía a Brasil, especialmente al nordeste de ese país, donde era utilizado por la producción avícola local, debido a que era mucho más económico su importación desde Argentina, que el traslado interno desde la región productora ubicada en los Estados de Paraná, Rio Grande do Sul y Santa Catarina.

Una vez más Irán se hacía presente con volúmenes importantes, la Unión Europea, Latinoamérica y otros totalizando 27 los países de destino de este cereal.


En el último año, los países asiáticos lideraron las compras de este forrajero, con Vietnam a la cabeza, Malasia, Corea, Indonesia etc. Los africanos ganando terreno año tras año, con Egipto, Argelia, Marruecos, Medio Oriente y Latinoamérica que involucran a más de 59 destinos alternativos.


En soja también hubo cambios drásticos. No solo se duplicaron los envíos, sino que se invirtieron los destinos tradicionales entre periodos con la Unión Europea que lideraba el comercio bilateral en los 90s y China que explica más del 80% de los embarques.


Si hablamos del complejo en su conjunto, considerando los aceites, harinas de extracción, biocombustibles etc. el crecimiento y la diversificación de los destinos es aún mucho más relevante. En la actualidad, Argentina es el principal proveedor de los derivados de esta oleaginosa con aproximadamente el 50% del market share.


Los aceites, orientados a países emergentes con mayor grado de pobreza, que no disponen de capacidad de elaboración, como India -que explica el 55% de los envíos del 2020-, Bangladesh, China, Egipto Marruecos, continúan creciendo a ritmos acelerados.


En harinas proteicas, el Sudeste Asiático y la Unión Europea se disputan el liderazgo en cuanto a las importaciones, llegando la mercadería argentina a más de 50 diferentes destinos.


El mundo sigue creciendo y lo continuará haciendo a lo largo de los próximos años, ya superados los actuales inconvenientes por el que atraviesa, esperando se sumen cada vez más países a esta nueva realidad.



CONCLUSIONES

La producción y el consumo de los principales granos y derivados creció sostenidamente a lo largo de las tres últimas décadas.

Ello fue producto de la expansión de la frontera agrícola, y particularmente de los avances tecnológicos, que permitieron una mejora sustantiva en los rendimientos unitarios globales.

No obstante, el comercio mundial muestra tasas de crecimiento aun muy superiores, lo cual pone de manifiesto el dinamismo de la demanda y la permanente incorporación de nuevos actores.

La relación entre el stock y el consumo, tiende a disminuir, lo cual explica en gran medida, mercados más volátiles antes condiciones climáticas desfavorables.

Argentina acompañó ese crecimiento en producción y saldos exportables, posicionándose en el mercado mundial como proveedor de mercadería de calidad orientada a un sinnúmero de destinos.

La expansión de los mismos permite mantener un liderazgo absoluto en los derivados de la cadena sojera y una incidencia importante en maíz y trigo, además de otros cereales y oleaginosas menores.