La nutrición de nuestros suelos y cultivos

Fernando O. García - FCA Balcarce (UNMdP)


El manejo responsable de la nutrición de cultivos debe enfocarse a nivel de ambiente dentro de cada lote, de manera de ser más eficientes y efectivos en el uso de los nutrientes del suelo (recurso) y de los nutrientes aplicados vía fertilizantes, abonos o enmiendas (insumos). La adecuada nutrición del cultivo es una condición necesaria pero no suficiente para el logro de altos rendimientos, la misma debe insertarse como un engranaje del sistema de producción.


¿Por qué pensar en nutrición de suelos y cultivos?

La sostenida demanda mundial de alimentos, fibras y biomateriales requiere de aumentos en la producción agrícola con el desafío y la oportunidad, de desacoplar esos incrementos en producción de externalidades sociales y ambientales negativas. La alternativa es impulsar el crecimiento de la productividad en las tierras actualmente en uso y no exponer nuevas tierras a costos y externalidades tales como la degradación de los suelos debida a la erosión eólica e hídrica, la pérdida de fertilidad por extracción de nutrientes, la salinización, la desertificación, y la contaminación por uso inadecuado de insumos, entre otras. Incrementar la producción a través del aumento de los rendimientos para evitar la expansión a ecosistemas frágiles requiere la incorporación de mejores prácticas de manejo de suelos y cultivos.


En este marco, la nutrición de suelos y cultivos constituye un factor necesario para que el sistema de producción sea efectivo y eficiente en el uso de recursos e insumos. Los nutrientes del suelo y el aporte externo de los mismos vía fertilizantes, enmiendas, abonos orgánicos y reciclados, constituyen recursos e insumos vitales para la intensificación sustentable. A nivel mundial, se reconoce que la adecuada nutrición de cultivos contribuye del 30% al 50% de los rendimientos de los cultivos. En nuestro país, se han indicado contribuciones de la nutrición a los rendimientos entre 20% y 70% para cultivos extensivos en ensayos de largo plazo (Fig. 1).



Fig. 1. Brechas de rendimiento por nutriente en ensayos de maíz (superior) y trigo (inferior) bajo dos rotaciones: maíz-soja-trigo/soja (M-S-T/S) y maíz-trigo/soja (M-T/S) de la Red de Nutrición CREA Sur de Santa Fe. Fuente: CREA Sur de Santa Fe (https://www.creasurdesantafe.com.ar).




¿Cuál es el estado de fertilidad de nuestros suelos?

Relevamientos recientes realizados por INTA y Fertilizar Asociación Civil nos muestran fuertes caídas en la fertilidad de los suelos pampeanos. Como ejemplo, los niveles de materia orgánica (MO) muestran pérdidas promedio de hasta 34% con respecto a la condición prístina (Fig. 2a). En el caso de fósforo (P), las caídas respecto a la condición original de los suelos han resultado en que, actualmente, dos tercios de los suelos pampeanos presentan niveles deficitarios de este elemento (Fig. 2b). Caídas similares se han observado en micronutrientes como zinc y boro, y cationes como potasio, magnesio y calcio.


En el caso de MO, por sus numerosas propiedades y su importancia en la calidad y salud del suelo, esta pérdida va mucho más allá de su función como reservorio de los principales nutrientes (nitrógeno, P, azufre, zinc, etc.) y está asociada fundamentalmente a la falta de rotaciones (monoculturas) y periodos de barbechos desnudos y prolongados que reducen la incorporación del gran macronutriente: el carbono. El carbono es el macronutriente que no podemos comprar a un proveedor, sino que debemos generarlo en nuestros suelos a través de rotaciones con diversidad de cultivos, nutrición balanceada, cultivos de cobertura, siembra directa y muchas otras prácticas de conservación del recurso.



Fig. 2. Niveles de materia orgánica (MO) (a) y P Bray (b). Fuente: Sainz Rozas et al. (2019), Proyecto INTA-Fertilizar AC “Relevamiento de nutrientes en región pampeana”.



¿Cómo estamos fertilizando?

En general, nuestra historia de reposición de nutrientes a los suelos es breve y bastante limitada. Hasta mediados de los 90´s se reponían 20-30% del nitrógeno (N) y del P removido en los granos. Esa reposición mejoró con el incremento en el uso de fertilizantes a partir de los 90´s, pero hasta el día de hoy el balance es negativo. Las reposiciones mas elevadas han alcanzado el 40-60% en N y un 50-70% en P en los mejores años. Estos déficit o balances negativos se han ido acumulando a través de los años y han resultado en disminuciones marcadas en la reserva de nutrientes de los suelos, según se comento en párrafos anteriores.


El uso de fertilizantes de los últimos años, según datos de Fertilizar AC y del programa RETAA de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, indica que las dosis de fertilización con N, P y azufre (S) han incrementado, pero también lo han hecho los rendimientos de los cultivos. La Tabla 1 muestra los rendimientos y dosis de aplicación promedios de N y P en trigo, maíz y soja en 2019/20. A partir de esa información se pueden estimar dos índices de eficiencia de uso de nutrientes: el balance (aplicado-removido) y la productividad parcial (rendimiento/dosis aplicada). Las estimaciones indican que los balances de N y de P siguen siendo negativos en soja y maíz. La productividad parcial indica cómo se están usando los nutrientes aplicados, para N en trigo ese estimador debería estar en 40-50 kg trigo por kg N aplicado y para maíz en 60-80 kg maíz por kg N aplicado. Las estimaciones indican que las dosis aplicadas en trigo serían correctas mientras que las dosis de N aplicadas en maíz serían bajas para los rendimientos alcanzados.


Tabla 1. Aplicación promedio, y estimaciones de balances y productividad parcial de los nutrientes nitrógeno y fósforo en trigo, maíz y soja en la campaña 2019/20 en Argentina. Datos y estimaciones a partir de RETAA-BCBA y Fertilizar AC.




¿Cómo deberíamos fertilizar?

El Manejo Responsable de los Nutrientes incluye 4 Requisitos (los 4Rs): aplicar la fuente correcta en dosis correcta, en el momento y forma correctos. Estos “correctos” se basan en principios científicos y en la evidencia generada a partir de trabajos científico-tecnológicos, “nutrición basada en evidencia”.


Si bien hasta ahora discutimos datos generales a nivel promedio, la toma de decisión en cuanto a la nutrición de suelos y cultivos es especifica por sitio y se basa en el diagnostico de la fertilidad del suelo y de la nutrición del cultivo en cada ambiente dentro de cada lote en el cual trabajamos. Ese diagnóstico incluye:

  • Análisis de suelo, evaluación del perfil del suelo, disponibilidad inicial de agua, presencia de napas

  • Historia del lote/ambiente: rendimientos y fertilizaciones anteriores

  • Rendimiento alcanzable, año climático

  • Monitoreo del estado nutricional del cultivo: análisis foliar, sensores remotos y locales, imágenes, franjas de saturación

Sin dudas el punto central es caracterizar el suelo y su estado de fertilidad, y el análisis de suelo es fundamental en esa evaluación. Vale destacar que, a nivel regional, el muestreo de suelos es una tecnología que aún siendo de bajo costo es poco utilizada, se estima que se muestrea solo 20-30% de los lotes que se siembran.


El diagnóstico me permite cubrir las dos primeras Rs: la fuente (nutriente) correcta y la dosis correcta, dos claves para que la toma de decisión i) mejore la productividad, achicando la brecha entre los rendimientos actuales y los alcanzables, ii) sea rentable y iii) minimice el impacto ambiental y social.


La identificación de ambientes con deficiencia asegura el uso rentable de nutrientes. Por ejemplo, en maíz, ambientes con deficiencia presentan respuestas de 15-25, 25-65 y 45-95 kg maíz por kg de N, P y S aplicado, respectivamente; mientras que el costo (kg grano necesarios para pagar un kg de nutriente) varía históricamente entre 6 y 10 kg/kg para N, de 20 a 22 kg/kg para P y de 4 a 8 kg/kg para S. Esto evidencia la rentabilidad de la práctica de fertilización, aún sin considerar el efecto residual de cada nutriente.


En cuanto a la toma de decisión de momento y forma correctas, es importante recurrir a la información científica-tecnológica, especialmente la local, que nos guía para tomar las alternativas más efectivas y eficientes para cada lote y cada ambiente según el sistema de producción (ambiente, manejo del productor, disponibilidad de capital, logística, etc.).



¿Qué podemos esperar de la ciencia y la tecnología?


Los desafíos que enfrenta la agricultura requieren del desarrollo y la adopción de prácticas de manejo de suelos y cultivos y de tecnologías basadas en evidencia científica. Existe mucha información científica-tecnológica generada por INTA, universidades, grupos de productores como CREA y AAPRESID, grupos de profesionales, asociaciones de la industria y otras instituciones, que debemos conocer y evaluar para incorporar en nuestros sistemas de producción.

Por otra parte, investigaciones en curso proponen nuevas tecnologías de procesos y de insumos que buscan proveer nutrientes para los cultivos en la búsqueda de máximos rendimientos desacoplando producción de impactos ambientales y sociales, estemos atentos a esos desarrollos. Una agricultura sustentable requiere del conocimiento científico-tecnológico de los distintos factores de producción y de las interacciones entre ellos.