La Industria Aceitera Argentina tiene un gran desafío por delante

Lic. Gustavo López – Consultor de la Fundación Producir Conservando


La reducción en la superficie sembrada y por ende en la producción de soja, llevó a que la industria aceitera, principal generadora de divisas provenientes de la exportación de derivados de la molienda de esta oleaginosa, presente una ociosidad superior al 40% de la capacidad teórica de operación.


Ello no se observa en los principales países competidores: Brasil y Estados Unidos. Por el contrario, la apuesta es seguir incentivando en forma permanente al sector procesador, para competir por el liderazgo en producción, exportación y molienda dada las demandas crecientes de los mercados.


Las previsiones para el ciclo 2022/23 según el último informe del USDA, dan prueba de ello. El área en Estados Unidos alcanzaría el récord de 36.5 millones de hectáreas, constituyéndose así en el principal cultivo, con una proyección también máxima, de darse condiciones climáticas favorables, de algo más de 126 millones de toneladas, aproximadamente 30 millones de toneladas por encima del registro de 2019/20.


En Brasil por su parte, se espera no solo mantener el liderazgo mundial en área y producción de esta oleaginosa, sino apuntar a un nuevo récord con 42 millones de hectáreas dedicadas a este oleaginoso y una hipótesis de oferta cercana a 150 millones de toneladas.


Si bien ambos exportan un importante volumen de materia prima, su alto nivel de procesamiento, mayoritariamente con destino al consumo local y también a la exportación que se ha ido incrementando tanto de aceites como de harinas con volúmenes crecientes.


En el caso de Brasil, el incremento de la capacidad instalada ha sido muy significativo, creciendo en la última década el 11 % pasando de 58 a 64 millones de toneladas con un uso esperado para el ciclo que se avecina de 49 millones de toneladas lo cual equivale al 77% del total disponible.


Por su parte, en Estados Unidos con un nivel levemente mayor a los 70 millones de toneladas, y con anuncios de seguir expandiendo la misma en el corto plazo de manera considerable, el total procesado alcanzaría en 2022/23 a 61 millones de toneladas lo cual representa un uso final del 87%. Hay al menos 10/15 proyectos en danza de nuevas plantas y varias ampliaciones en marcha.


Sin duda la mejora registrada en los últimos tiempos en los precios de los aceites, biocombustibles y las harinas proteicas, son un fuerte incentivo a incrementar la capacidad de procesamiento, lo cual se plasmará en mayores saldos exportables.


Los proyectos están traccionados principalmente por la posibilidad concreta de crear el aceite vegetal hidrotratado (HVO), un combustible “drop in” que es técnicamente indistinguible de combustibles a base de hidrocarburos. A diferencia del etanol y biodiesel de maíz y azúcar, el diésel renovable no requiere un manejo, almacenamiento y logística especial ya que es factible su mezcla con otros derivados del petróleo.


El potencial para que el diésel renovable se procese aún más para obtener combustible de aviación sostenible, también proporciona una importante demanda potencial de aceite de soja como materia prima. Esta mayor demanda interna de aceites vegetales en el mercado americano ha generado un importante “premio” en el precio doméstico para dicho producto lo que implica mejores márgenes de molienda e incentivos para estas nuevas inversiones.


Esta situación tiene un impacto altamente relevante para nuestro país: la industria americana al aumentar su producción y conseguir un consumo adicional a su aceite a valores superiores a los internacionales, generará importantes excedentes de harina para volcar al mercado internacional.


El volumen esperable puede superar los 6 millones de toneladas anuales en pocos años, consolidando así una fuerte competencia para la harina de soja argentina en un mercado mundial cuyo crecimiento es relativamente lento. Recordemos que la Argentina es líder en el comercio mundial de harina de soja, y dicho producto es por lejos nuestro principal producto de exportación, con un aporte de cerca de 12.000 millones de dólares anuales.


En este rubro de harinas proteicas, Brasil también aspira, a partir de su crecimiento en cuanto a la producción de soja y un mayor nivel de procesamiento, insertarse en este mercado con mayor presencia.


Recordemos que, si bien el aceite generado se destina al consumo local, gran parte de la harina de mejor calidad de Profat (combinación de proteína y grasa) que la local, se orienta al mercado de exportación, constituyéndose luego de Argentina en el segundo mayor oferente mundial de este derivado.


A ello hay que sumar, crecientes inversiones de molienda en otros países de destino de nuestros productos. La instalación de una nueva planta de industrialización, automáticamente generara los incentivos económicos, para limitar el ingreso de los mismos, y por ende transformar a ese país en un nuevo comprador de materia prima.




En síntesis, se impone una política que genere un mejor entorno para la inversión extranjera, con mayor estabilidad de las variables macroeconómicas, reduciendo drásticamente la inflación y evitando la desprotección y restricción a las exportaciones, que limitan nuestra competitividad.


Es imprescindible una paulatina reducción de impuestos distorsivos como son los derechos de exportación que permita incrementar los márgenes al productor y por ende a la industria de productos procesados, lo cual redundara en una reducción de la ociosidad de las empresas procesadoras, una mayor generación de empleo, e ingresos de divisas de vital importancia para el país.


Por otra parte, nuestro país carece de estrategias y políticas para la inserción internacional. Es necesario para mejorar y facilitar el acceso a los mercados, recrear los acuerdos de libre comercio y de cooperación que tanto como Mercosur o Argentina carecemos.


No hablamos de lo meramente arancelario, de cuotas, contingentes etc., sino integrales de complementación, como por ejemplo con los propios americanos, que nos permita ingresar en reemplazo del biodiesel europeo con el aceite argentino, por demás competitivo.


Los desafíos que se presentan son muchos, con un mercado en permanente crecimiento, pero con nuevos actores que pueden limitar nuestro liderazgo en el futuro.


Argentina necesita dólares en los próximos años, y si no reaccionamos ahora, vamos a perder las tan necesarias divisas.