La avicultura argentina, sin techo y lista para volar

Francisco Oliverio, Asesor de FPC

Nicolás De Grazia, Director de Granja Tres Arroyos




Dentro del sector agroindustrial argentino, la avicultura es una de las actividades que más ha cambiado en los últimos 50 años y que hoy cuenta con un gran potencial de crecimiento.

La producción, que antiguamente se hacía en pequeñas granjas o en los jardines de las casas, comenzó a cambiar en los 60 y fue en los 70 que pasó a hacerse en grandes granjas bajo el modelo de integración. La empresa avícola le entrega el pollito bebe de 1 día al productor, le da la asistencia técnica y asesoramiento, le entrega la comida, la cama y le retira los animales para llevarlos a faena a los 30-45 días según vayan a exportación o mercado interno. El granjero cobra un hotelería que depende de la performance que alcance. De esta forma, se logra un producto de excelente calidad, siempre igual y trazado desde el primer día hasta la mesa del consumidor.

Además del manejo en las granjas, la genética de los animales ha evolucionado mucho desde los 80 a hoy. Antiguamente un ave a faena pesaba un tercio de lo que pesa hoy (1,1 kg Vs 3 kg) y la conversión potencial de alimento en carne paso de 2,4 a 1,5 kilos (un 37,5% menos alimento por kilo producido). Un pollo que llega a faena hoy en día no tiene nada que ver con uno que lo hacía en los años 70. Es un animal que fue seleccionado para producir más proteína animal con menos alimento.

Dentro de las empresas que integran el directorio de nuestra Fundación tenemos a la empresa número uno en producción y exportación avícola de Argentina y Uruguay, Granja Tres Arroyos. Dicha empresa cuenta con 8 plantas de faena y emplea casi 7000 personas entre Argentina y Uruguay. Nos pareció muy oportuno e interesante poder discutir diversos aspectos del negocio avícola con ellos y fue así como tuvimos un gran intercambio con Nicolás de Grazia, miembro del directorio de la empresa y parte de la tercera generación familiar.

La evolución del consumo de pollo ha aumentado constantemente desde los 60. El consumo pasó de 5 kilos por habitante por año en esos días a 20 kilos en el 2003 y finalmente a casi 50 kilos en el 2019.

Unas de las principales razones fueron el aumento de la oferta, producto de las mejoras genéticas y de manejo, la mejora en la calidad y otra muy importante fue el precio.

Argentina produce 2,3 millones de toneladas, de las cuales exporta a más de 70 países el 10% y se consume internamente el 90% restante. Esas 230 mil toneladas que exportamos son solo el 2 % de mercado mundial de exportaciones avícolas, lo que nos marca la oportunidad de poder crecer en un futuro próximo.




Otro dato importante es que de los casi 730 millones de aves que se faenan por año en Argentina, el 48% provienen de Entre Ríos, el 40 % de Buenos Aires y el resto principalmente de Santa Fe y Córdoba. Solo unos 3,5 millones de toneladas del maiz que producimos se destina a la alimentación avícola (un 7% de la producción nacional).

Argentina cuenta con una producción de Maiz y Soja que ronda los 100 millones de toneladas y cerca del 20% se consume internamente. El resto se exporta y es transformado en proteína animal en el país de destino. Es aquí donde nuestro país tiene una gran oportunidad de agregar más valor del que hoy ya se agrega, generar más empleos y agrandar el superávit comercial que de por sí ya tiene el sector agroindustrial.

En la avicultura hacen falta líneas de financiamiento con mejores plazos y tasas para que los granjeros puedan invertir en infraestructura y así alcanzar los potenciales genéticos de las aves.

Contamos con una gran ventaja que es tener recursos humanos muy capacitados y un estatus sanitario excelente. Existen más de 75 países abiertos para que podamos llevar nuestros productos avícolas, solo nos falta diseñar una estrategia a nivel país que nos permita ir año a año ganando más y más mercados externos.

El mundo demanda cada día más proteína y a medida que la gente va mejorando su poder adquisitivo, comienza a consumir más proteínas animales y disminuye las vegetales. La primera fuente de proteína animal que incorpora es la aviar, luego la porcina y finalmente la bovina.

Gran parte del crecimiento mundial de los próximos años va a estar explicado por el crecimiento de los países emergentes y es ahí donde tenemos que poner nuestro foco. Argentina debe, hoy más que nunca, trazar una estrategia país a largo plazo, gobierne quien gobierne. Necesitamos reglas claras que se sostengan en el tiempo, que les permitan a los empresarios invertir con algo más de previsibilidad. No podemos centrarnos casi exclusivamente en el mercado interno.

La mesa de los argentinos no peligra y podemos exportar mucho más de lo que hoy hacemos sin descuidarla. Tenemos que focalizar nuestros esfuerzos en agregarle el mayor valor posible a nuestra soja y maiz y exportar cada año más productos avícolas, carne bovina, carne de cerdo y productos lácteos.

Trabajos realizados por la Fundación en los últimos años muestran que Argentina es capaz de producir en un mediano plazo 5,2 millones de toneladas de carne bovina, 15 mil millones de litros de leche, 1,2 millones de toneladas de carne de cerdo y 3 millones de toneladas de carne aviar.

Podemos hacerlo y está en nosotros lograrlo.

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