China, de gigante productor a febril comprador

Lic. Gustavo López - Asesor de la Fundación Producir Conservando


Este enorme país, a pesar de ser el principal productor mundial de granos, deberá suplir sus requerimientos con mayores compras del exterior.


El comercio de granos en los últimos ciclos estuvo dominado por un gran protagonista: China. Su vertiginoso crecimiento en cuanto a la demanda de la mayoría de las materias primas, y productos agroindustriales, permitió, a pesar de las crisis y pandemias internacionales, mantener firmeza en los precios de los commodities.

Si bien China, el gigante asiático no es el país mas grande del mundo, primero está Rusia con 17 mill km2 y luego Canadá con 10 mill km2, se ubica en tercer lugar con algo más de 9.5 mill/km2 (algo así como tres y media vecesel territorio Argentino), es con la India uno de los más habitados del mundo con más de 1.400 millones de personas.

No obstante en materia agrícola, China sin dudas es el principal productor mundial de granos y oleaginosas.


En sus 120 mill/has sembradas, solo superado por la India, cosecha un volumen record de aproximadamente 600 mill/ton, lo cual implica un quinto de la producción mundial considerando el trigo, los granos forrajeros, el arroz y los oleaginosos que para el ciclo próximo el USDA la ubica en 3.315 millones de toneladas.


Estas cifras se alcanzaron con los cambios en la políticaagrícola, impulsados desde la era de Deng Xiaoping, donde el sistema de comunas fue progresivamente desmantelado y los campesinos empezaron a tener más libertad para administrar las tierras que cultivaban y vender sus productos en los mercados, coincidente con un proceso en que la economía China se abría al exterior.


Si bien 50 años atrás, el área cultivada difería muy poco de la actual, se sembraban 100 millones de hectáreas, la producción solo alcanzaba las 150 mill/ton.


En estas décadas la misma se cuadruplico, lo cual muestra un avance muy importante en la tecnologia aplicada al agro (semillas, fertilizantes, maquinarias etc.) en un marco de mayor incentivo para el productor, donde el incremento marginal de su producción ya no era solo para el Estado, sino que se reflejaba en mayores ingresos para el campesinado, que lo comercializaba en forma independiente.


Si hoy hacemos una simple relación entre el total producido de granos y la población, nos muestra que esta es de casi 430 kg/persona año o su equivalente a 1.2 kg/per cápita/día.


Ahora bien, ¿esto alcanza para una economía que se caracteriza por la fuerte migración campo-ciudad? ¿con nuevos hábitos de consumo y exigencias en cuanto a cantidad y calidad de los alimentos que consume?


La dieta de los chinos evolucionó como su producción. Su base ya no es simplemente arroz y algo de carne; hoy los consumos de comidas más elaboradas que incluyen aceites, grasas, carnes, salsas, etc. son relevantes. Luego de conocer las frituras, hamburguesas, aderezos etc. el chino medio no quiere retornar a su tradicional tazón de arroz.


La nueva clase media china, con ingresos comparables a los norteamericanos (entre US$ 35.000 y US$ 45.000 anuales), ascenderá a 1.000 millones de personas en 2030 según las últimas proyecciones.


China será entonces en solo una década, “una nación de clase media”, cuyos ingresos per cápita alcanzaran a 60% de los estadounidenses. Esto permite inferir que este enorme país, a pesar de ser el principal productor mundial de granos, deberá suplir sus requerimientos con mayores compras del exterior.


Según su último informe, el USDA prevé, para esta campaña, una importación total de maíz por parte del gigante asiático de 13 mill/ton, sin embargo, el ritmo de compras actuales es febril, llegándose a estimar que el total podría duplicarse. De esta forma su participación, incipiente hace unos pocos años pasaría al 12% del comercio mundial.


No obstante, recordemos que China es el segundo productor mundial luego de USA con más de 260 mill/ton, con stocks finales que probablemente alcancen las 190 mill/ton. A pesar de ello, se confirma un incremento muy significativo de importaciones para los próximos años.


Ello se fundamenta en primer lugar, porque la cifra de oferta local no es muy confiable, dado que la zona central de ese país fue devastada por intensos tifones con las inundaciones más importantes de los últimos 50 año,s estimándose cuantiosas pérdidas de cultivos, y por ende una merma adicional en sus reservas.


Por otra parte se observa un incremento en el ritmo de crecimiento, post pandemia de la peste porcina, de nuevas explotaciones de cerdos, reemplazando las pequeñas y tradicionales granjas, que son verdaderas “fabricas de carne” orientadas a mitigar en alguna medida las enormes importaciones que se vienen realizando.


Los precios récord de la carne de cerdo significan que los criadores están disfrutando de los mejores márgenes de la historia. Esto ha atraído a muchos tipos diferentes de inversores al sector, desde empresarios inmobiliarios, hasta fondos estatales y bancos, además de la continua expansión de las grandes empresas tradicionales.


Las 20 compañías porcinas más grandes del país tienen planes para alcanzar en el corto plazo, una capacidad combinada para alimentar a 400 millones de cerdos, es decir más de la mitad de los 700 millones de cerdos sacrificados anualmente.


Un capítulo aparte es el constante crecimiento de la demanda de otro forrajero, el sorgo granifero, donde Argentina juega un rol relevante como proveedor de grano de alta calidad y sanidad.


Algo similar se da en el complejo soja. Al record de los 100 mill/ton de importaciones previstas para este año (60% del comercio mundial), se adiciona por vez primera la posibilidad de adquirir harina de soja para contar con el abastecimiento proteico necesario, a fin de alcanzar una producciónque pueda cubrir parte de sus requerimientos; en tanto que en aceite de soja se ubica en el segundo lugar como demandante mundial, luego de la India, abastecido en gran medida por Argentina, con un volumen que rondaría para el 2020 las 400 mil toneladas.


Se observa cierta laxitud en cuanto a la llamada “guerra comercial” entre China y los Estados Unidos, con una fuerte presencia de la mercadería norteamericana en las últimas semanas. Prueba de ello son las ventas ya efectuadas con ese destino.


Hacia mediados de noviembre de 2020 se informaba desde el USDA que el total de soja comprometida cuadruplicaba la registrada a igual fecha del año anterior, en tanto que en maíz, las ventas se acercan a 3 mill/ton vs. solo 60 mil/ton del ciclo anterior.


Las proyecciones del propio USDA, antes del conflicto entre ambas naciones ubicaban las importaciones totales para mediados de la década que comienza en más de 120 mill/ton de soja, nivel que muy probablemente a este ritmo se supere.


Lo expuesto explica, que sumado a los recortes productivos de los Estados Unidos, y la incertidumbre en cuanto a la producción del Hemisferio Sur, por las condiciones climáticas que se presenten en este año considerado “Niña”, las cotizaciones de la mayoría de los commodities presente un significativo avance respecto del ciclo anterior.


Si este se midiera como promedio de los precios FOB en los puertos argentinos estimados para el total del complejo granario 2020/21, se superaría en 70 dol/ton a los registrados en el anterior.


El consumo de alimentos en China fue creciendo en forma exponencial así como también el desecho de los mismos.

Si bien era una clara demostración de bienestar, en especial para aquellos que accedían a las nuevas clases medias, que los comensales pidieranmás platos que lo que efectivamente iban a consumir, hoy día prevalece el concepto que “el desperdicio es vergonzoso y la frugalidad es honorable”.


En el 2015, un informe de la Academia de Ciencias de China señaló que anualmente se desperdiciaban en las grandes ciudades chinas hasta 18 millones de toneladas de alimentos, cantidad suficiente para alimentar entre 30 y 50 millones de personas al año.


Precisamente, la provisión de alimentos para sus 1.400 millones de habitantes siempre ha sido una de las principales prioridades de las autoridades de Beijín.


La Asociación de la industria del cáterin de Wuhan solicitó a los restaurantes de la ciudad que implementen un sistema llamado “pedidos n-1”, por el cual se debe ordenar un plato menos del número de comensales que se sienta a la mesa.


En otros lugares, se sugiere que el pedido de los platos esté en función del peso de cada comensal, apostando a reducir el tamaño de las raciones, o bien animar a los clientes a que se lleven a casa los restos, para luego ser aprovechados.


A este ritmo, se viene la ley del llamado “plato limpio”, la que seguramente los chinos se resistan como podría darse en otras sociedades occidentales.


En síntesis, al margen del intento por parte de ciertas potencias mundiales, de frenar el progreso de China, en una batalla por el liderazgo de la revolución tecnológica, y la supremacía mundial, esta enorme economía se perfila, en el corto plazo como la principal a nivel internacional.


Ello implicara que su estructura social siga evolucionando, por lo cual sus necesidades de alimentos serán cada vez más importantes.


En ese marco, Argentina debe consolidarse como un gran proveedor de materias primas y productos de mayor valor agregado en cantidad y calidad, en un mercado que al cierre del 2020 permitió colocar cerca de 8 millones de toneladas de granos (equivalente) por un valor cercano a los 2.500 millones de dólares.