Ante tanta incertidumbre, una certeza: la creciente demanda mundial de alimentos.



Incertidumbre. Como nunca antes en nuestras vidas, esa es la palabra que con mayor precisión define el momento que vivimos. La ausencia de certezas sobre las características del mundo que emergerá después de la pandemia sobrevuela sobre todos los análisis y proyecciones.


En ese contexto es imprescindible identificar las cuestiones que puedan estar sujetas con mayor probabilidad a eventuales cambios y aquellas que sufran cambios de menor importancia. Las primeras, dentro de las que seguramente estarán las relaciones sociales, los comportamientos públicos y hábitos de consumo no esencial, tendrán su correlato, seguramente, en cambios en la representación política cuyo sentido y consecuencias dejaremos a la especulación y análisis de sociólogos y analistas políticos. Cuán abierto será el mundo, si prevalecerá el aislacionismo o la cooperación internacional, si se acelerará o no la emergencia de nuevos liderazgos mundiales, están en discusión y solo el futuro nos dará la respuesta a esos interrogantes.


Pero como en todo proceso de cambio hay líneas históricas profundas que marcan tendencia y que nos permiten afirmarnos a la hora de proyectar ese futuro a nivel personal, empresario y también nacional.



Que una población mundial creciente seguirá demandando alimentos de calidad no parece estar en discusión.

Que es imprescindible despejar nuestro horizonte financiero para enfrentar en mejores condiciones el esfuerzo de reconstrucción económica pareciera que tampoco.


Que la existencia de una moneda nacional confiable es requisito indispensable para un desarrollo con grados aceptables de autonomía, no debería estarlo.


Nuestro sector agroindustrial será, esperemos que no exclusivamente, el principal generador de un bien escaso para nuestra economía como las divisas y como tal, protagonista principal de la economía en los próximos años. Es una ventaja y al mismo tiempo una gran responsabilidad.



Producir alimentos en cantidad y calidad suficientes para nuestra población, generar los excedentes necesarios para satisfacer parte de la demanda mundial y garantizar un flujo de divisas, es nuestro desafío.


Nuestro país, como otras tantas veces, puede estar frente a un momento de decisión en el que el rumbo que elija puede ser el inicio de una etapa de crecimiento inclusivo y sustentable que garantice paz y prosperidad a todos los habitantes de la nación o frente a una nueva frustración de consecuencias impredecibles.


Como ciudadanos y empresarios nuestro compromiso con la construcción de esa sociedad próspera, libre, justa y tolerante que tan bien define nuestra Constitución deberá estar a la altura de lo que el momento demanda.

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